Pereza

La pereza es la compañera más fiel, nada más despertar por la mañana ahí está, y se manifiesta sutilmente impregnándolo todo, en infinidad de lugares y momentos.

La caricia de las sábanas de franela, cada hilo toca cada una de las terminaciones nerviosas de la piel, dulce caricia, y aun así no hay satisfacción suficiente.

La pereza es una fina y delicada cuerda invisible, fácil de romper, que te convence para que no intentes romperla aunque sepas que con un leve movimiento va a desaparecer. Te convence de que vas a estar mejor atado a ella y su mortal sonrisa amorosa, que viviendo desconocidas experiencias en la vida.

Es un ilusorio abismo que te aleja de esas cosas que deseas tener y hacer, que crees que te darán riqueza material y espiritual, te harán creer que la la vida merece la pena, pero mana un canto de sirena que te convence de que no eres un ave capaz de volar sobre él.

Es ese analgésico capaz de calmarte el dolor que produce el no hacer lo que quisieras o debieras hacer, lanzándolo hacia adelante o atrás en el tiempo para que no puedas oler el pestilente edor de la procrastinación.

He leído en algún lugar que la Pereza es la madre de los pecados capitales y dice Alejandro Jodorowsky que incluso es la madre a secas, es decir, es anhelar el calor y la caricia de la madre encontrándola en el yacer entre las cálidas sábanas. No ponerte en pie y ser adulto, seguir tumbado para seguir siendo niño.

La Pereza finalmente, te puede arrastrar a la anulación, cómo una sobredosis de dulce morfina.

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