Para alguien que trabaja la tierra, es triste ver una parcela fertil, abandonada por su propietario… Es como un delito dejar que las entrañas deseosas de dar vida, se queden sin semilla que de lugar a voluptuosos frutos.

Esa tierra sedienta que ansía ser recorrida e inundada por miles de gotas de agua y sudor. Que los dedos del labrador remuevan cada surco de su superficie, despierte sus nutrientes y haga aflorar la humedad interior para recibir la simiente.

Debajo de esa tierra, permanece con desespero, ahogada, luchando por salir, el calor y la fuerza de la vida, suplicando a gritos ser atendida antes de que sea demasiado tarde y los años y el abandono, arrastren al mar para siempre el alimento que era para dar vida.

Caminando a su lado, oigo sus suspiros de tristeza, su llanto ahogado, su resignación…

- Hasta cuándo? Será demasiado tarde?

No sé si podré ayudarla…